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Rábano Nero Tondo

Rábano Nero Tondo

El Rábano Nero Tondo, al igual que el Red Meat y el Green Luobo, es un rábano de invierno. El Nero Tondo —también conocido como rábano negro o Black Spanish Radish— es una variedad tradicional europea cultivada principalmente en otoño e invierno. A diferencia de los rábanos rosados más comunes, desarrolla una raíz más grande, firme y densa, naturalmente adaptada para resistir el frío.

Su piel negra y rugosa protege una pulpa blanca extremadamente crocante y jugosa. El sabor tiene el picor típico del rábano, pero más complejo: terroso, intenso y ligeramente dulce cuando se cocina.

Durante siglos, los rábanos negros fueron fundamentales en la alimentación de invierno en Europa. Su capacidad de almacenarse por semanas, o incluso meses, los convirtió en una hortaliza clave antes de la refrigeración moderna.

Además de su resistencia, siempre se les ha valorado por sus propiedades digestivas y su intensidad medicinal natural. Tradicionalmente se consumían para estimular el apetito y acompañar comidas más pesadas durante el invierno.

Se puede comer crudo, donde mantiene toda su fuerza y crocancia, o cocinado, momento en que se vuelve mucho más suave y dulce. Y que no te asuste su tamaño: esta variedad puede crecer bastante sin perder calidad, textura ni sabor.

Aquí te dejo algunas ideas:

Acelga

Acelga

La acelga es un clásico en los huertos de Chile: generosa, resistente y —como decimos en el campo— bien “carne de perro”. Sin embargo, muchas veces queda injustamente en segundo plano.

En El Borde llevamos un par de años cultivando un mix de colores llamado Bright Lights, una variedad que nos encanta porque trae vida y diversidad a esta hoja que suele pasar desapercibida. Sus tallos amarillos, rosados, naranjos y rojos no solo alegran el huerto, sino también la cocina.

Pero más allá de lo visual, la acelga es profundamente noble: sabrosa, versátil y muy nutritiva. Es rica en vitaminas como la A, C y K, además de minerales esenciales como el hierro y el magnesio. Y algo que nos encanta es que se aprovecha completa: tanto sus hojas como sus tallos tienen textura, sabor y múltiples usos.

En la cocina, la acelga se adapta a todo. Puede ir salteada con ajo y aceite de oliva, en tortillas, sopas, guisos o incluso cruda en preparaciones más frescas cuando es joven. Los tallos, muchas veces descartados, son un tesoro: se pueden saltear, encurtir o cocinar por separado, aportando crocancia y dulzor.

En el huerto, además, es una aliada generosa: permite cosechas continuas si se manejan bien los cortes, entregando hojas nuevas durante semanas. Es de esas plantas que, una vez que entran en producción, no paran.

Quizás es momento de volver a mirar la acelga con otros ojos: no como un relleno olvidado, sino como una protagonista silenciosa, resiliente y llena de vida.